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Kadavar en el Pabellón Oeste

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Kadavar en Pabellón Oeste

La noche del sábado no fue un concierto, fue un descenso a las profundidades del fuzz y la psicodelia más pura. El Pabellón del Palacio de los Deportes se transformó en una cápsula del tiempo cuando los alemanes tomaron el escenario para demostrarnos por qué son los reyes del retro-rock actual.


Todo comenzó con un trance hipnótico entre una iluminación rojiza con: ‘Goddess of Dawn’ nos recibió con un intro extendido que preparó el terreno para la primera explosión de distorsión con ‘Lies’. Desde ese instante, la muralla de sonido fue infranqueable. Los riffs potentes y estridentes de la guitarra cortaban el aire, mientras que la ejecución de ’Doomsday Machine’ claro que la banda venía a entregarlo todo.


La energía no decayó cuando soltaron la pesadez de ‘Last Living Dinosaur’, seguida de la oscura y magnética ‘Black Sun’. Para este punto, el público ya estaba completamente entregado: entre un mar de manos levantadas y un headbanging colectivo que no daba tregua, la conexión con la banda era absoluta.


El bajo de Simon Bouteloup, con un tono profundo que erizaba la piel, marcó el paso en ‘The Old Man’, mientras que Tiger Bartelt en la batería creaba una atmósfera envolvente que nos hizo flotar durante ‘Explosions in the Sky’. La intensidad subió de tono con la brutal ‘Total Annihilation’, para luego darnos un respiro ácido con la hipnótica ‘Purple Sage’, donde el humo imaginario (y el real) parecía apoderarse del recinto.


El cierre del set principal fue una montaña rusa emocional: la melancolía de ‘Scar on My Guitar’ nos preparó para el golpe final de ‘Die Baby Die’, que dejó a la audiencia gritando por más bajo las luces estroboscópicas.


Tras una breve pausa, el trío regresó para un encore de antología. La energía se regeneró literalmente con ‘Regeneration’, seguida de la vibrante ‘Come Back Life’, que puso a todo el Pabellón a saltar al unísono. Finalmente, el ritual concluyó con la emblemática ‘All Our Thoughts’, cerrando una noche donde el volumen y la pasión fueron los únicos protagonistas.


Kadavar no solo tocó un setlist; nos regaló una experiencia sensorial que nos dejó con los oídos zumbando y el espíritu elevado. ¡Larga vida al riff!





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