Soda Stereo volvió a México
13:56Anoche, el Palacio de los Deportes no solo fue un recinto: fue una máquina del tiempo emocional. La esperada presentación de Soda Stereo arrancó con un retraso de más de dos horas que puso a prueba la paciencia de los miles de asistentes. Sin embargo, bastaron los primeros acordes para que cualquier molestia quedara atrás. Lo que vino después fue una experiencia que rozó lo irreal.
La noche abrió con ‘Ecos’, marcando el tono introspectivo que poco a poco se transformaría en una explosión colectiva. Con ‘Juego de seducción’ y ‘Nada personal’, el público comenzó a soltarse, coreando cada palabra como si el tiempo no hubiera pasado. ‘Hombre al agua’ y ‘Ella usó mi cabeza como un revólver’ elevaron la intensidad, mientras que ‘Cuando pase el temblor’ y ‘Luna roja’ trajeron esa mezcla tan característica de misticismo y energía que define a la banda.
‘Toma la ruta’ y ‘(En) el séptimo día’ mantuvieron el viaje en movimiento, preparando el terreno para uno de los momentos más poderosos de la noche: ‘En la ciudad de la furia’, interpretada con una carga emocional que estremeció el recinto. ‘Sobredosis de TV’ y ‘Persiana americana’ encendieron por completo al público, que ya para entonces se había convertido en un solo coro gigante.
La recta final fue simplemente arrolladora: ‘Un misil en mi placard’, ‘Zoom’ y ‘Final caja negra’ mantuvieron la tensión en lo más alto, mientras que ‘Primavera 0’ y ‘Prófugos’ trajeron una nostalgia palpable. Y entonces, llegó el clímax inevitable con ‘De música ligera’, cantada a todo pulmón por miles de voces, seguida por ‘Zona de Promesas’, que cerró la noche con una sensación de catarsis colectiva.
Pero más allá de la música, lo verdaderamente impactante fue el componente visual. La aparición de Gustavo Cerati en forma holográfica provocó uno de los momentos más intensos: un silencio reverente seguido de una ovación ensordecedora. Por instantes, la ilusión fue tan poderosa que muchos sintieron que realmente estaba ahí, de vuelta entre nosotros.
El show se convirtió en un karaoke monumental. Cada canción fue coreada de principio a fin por un público entregado, que no solo asistió a un concierto, sino que vivió la experiencia completa. Fue una noche de sentimientos encontrados ‘alegría, melancolía, asombro’ envueltos en un espectáculo visual impecable.
Al final, poco importó la larga espera, tanto Zeta como Charlie agradecieron por la paciencia . Porque cuando la música logra reunir a miles en una sola voz, queda claro que valió completamente la pena.




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